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El cementerio del norte

Durante la colonia no hubo cementerios, salvo en ciertos momentos cuando, debido a epidemias que causaron gran mortalidad, se habilitaron terrenos que hicieron sus veces. Vuelta la normalidad, cesaron de funcionar.

Los muertos recibían sepultura en los templos y a sus alrededores. Estas costumbres duraron hasta 1809, en que, a causa del aumento de la población y desarrollo de la Ciudad, las autoridades temieron por la salud pública y resolvieron prohibirlo, sin embargo algunos vecinos insistían con esas prácticas.

Finalmente, el 8 de julio de 1822, el gobernador general don Manuel Rodríguez, dispusieron destinar una parte del huerto de los frailes recoletos para enterratorio general, llamándolo Cementerio del Norte, aunque para todos fue, y sigue siendo, el de la Recoleta.

En los comienzos, su aspecto era de abandono y desolación, se trataba de un terreno baldío con muros bajos y la mayoría de las personas sentían retraimiento para entrar en el. Se recibían muchas quejas de los vecinos y se pedía que se cierre el cementerio. De esta forma, el intendente don Torcuato de Alvear, hizo sentir su obra progresista, transformando el aspecto exterior del cementerio mediante la construcción de un pórtico monumental. A partir de ese momento todo fue mejora y el predio se convirtió en un pintoresco cementerio.

Fuente: DE LA FUENTE MACHAIN, R. El barrio de la Recoleta. Buenos Aires, 1973. Cuadernos de Buenos Aires.
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